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Disfrutando el arte del Flamenco en Montreal

“El flamenco es un arte que se puede disfrutar a cualquier edad y en cualquier momento”, dice Carolina Castillo

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¡Hoy te quiero hablar de mi pasión por el Flamenco! Desde pequeña he bailado flamenco. En Venezuela es muy común que las niñas bailen en alguna academia. Mi mamá se dio cuenta que yo disfrutaba mucho bailando así que me apuntó a la escuela de las hermanas Tello en Maracaibo para así comenzar mi aventura con los lunares y las flores. 
 
Yo no era una niña muy extrovertida; sin embargo, las tablas siempre me han llamado la atención.  Una vez que me veía sobre un escenario, era capaz de transformarme y dejar la pena a un lado. 
 
Así pues, hice flamenco y posteriormente un poquito de ballet y en mi época adolescente hice lo que denominábamos "jazz" (realmente era bailar música pop).
 
Una vez llegados a Montreal, una de mis intenciones con esta nueva vida era volver a mi pasión por el baile y conseguir una academia de baile flamenco. La verdad no fue difícil y enseguida contacté con mi profesora Julia Cristina.
 
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Recuerdo que su voz dulce y pausada me dio mucha confianza a pesar de que mi francés era fatal. Ella me habló en español y en inglés invitándome a una de sus clases.
 
De eso hace ya 13 años. Desde ese momento he bailado en su academia y he pasado momentos inolvidables.
 
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Yo quiero que sepas que yo no soy una súper estrella. No soy una bailaora profesional y nunca lo seré. El flamenco me da mucha alegría porque es un arte que se puede disfrutar a cualquier edad, con cualquier tipo de cuerpo y en cualquier momento de la semana. 
 
Yo bailo porque disfruto, yo bailo porque me supero y voy a mi ritmo. Éstos son principios que comparte y comprende Julia Cristina a la perfección. 
 
Los sábados me despierto con otra energía. Llegó al denominado Plateau en la avenida Mont Royal y comienzo a sentir esa emoción de hacer algo que me encanta. Cada semana se me plantea un reto pues el flamenco es complejo y no siempre tiene una lógica predecible. Aun así, mis compañeras de clase hacen que todo sea una aventura compartida. 
 
Por una hora y media, olvido todo y me sumerjo en una complicidad única y especial. Mis compañeras, a quiénes cariñosamente llamo las flamenquitas, siempre me sacan una sonrisa. Trabajamos duro y en equipo respetando las individualidades de cada una. Es una experiencia maravillosa. 
 
 
 

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