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Cómo se reinventa un inmigrante en Canadá

Carolina Castillo cuenta sobre el efecto que inmigrar a Canadá tuvo en su carrera profesional, y cómo tuvo que cambiar de rumbo en la vida

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Estos días estamos de nieve hasta el tope y no sé la razón exacta, pero  a mí me da por hacer balance de mi vida y reflexionar. Como un blog es precisamente algo espontáneo, libre y muy personal, hoy quiero hablar de lo que supuso cambiar de país y  mi reinversión  para seguir disfrutando de la vida. Hoy te invito a entrar a mi mundo de reflexiones donde creo encontrarás puntos en común con mi historia. 

Recuerdo claramente cuando en el balcón del apartamento de mis padres le dije a mi papá: "Creo que nosotros nos vamos un tiempo a Canadá". Todavía puedo ver frente a mí  la preciosa vista con el verde del Ávila (montaña que bordea a la ciudad de Caracas). Era un domingo y hacía una temperatura ideal, esa que tan sólo existe en Caracas, la perfecta brisa que no despeina y el sol que calienta sin abrumar. Canadá era un destino lógico ya que Eduardo nació en la ciudad de Quebec y mis hijas eran canadienses desde sus nacimientos. Yo empecé con los trámites de inmigración y en menos de un año partíamos a la aventura. Personalmente, siempre he viajado gracias a la ayuda de mis padres. Estudié mi carrera universitaria en los Estados Unidos además de  hacer un semestre de mis estudios en Hungría. Ir hacia un mundo desconocido nunca ha supuesto una angustia o amenaza. Puede ser que tenga una visión ingenua y fantasiosa de la vida, pero gracias a ella, he ido hacia adelante con valentía y mucha seguridad. 

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De esta historia ya han pasado 12 años y por supuesto he vivido momentos buenos, malos, difíciles, hermosos. ¿Qué te puedo decir qué tú no sepas, o te imagines? Cada persona tiene una historia muy particular  que forma parte de su ser. Sin embargo, una de las maravillas de comenzar una nueva aventura en otro país, es la posibilidad de cambiar tu forma de vida con un nuevo trabajo, nuevos  estudios, y hasta un nuevo idioma.

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En mi caso yo tenía una carrera como politóloga y un post grado como Comunicadora Social. Al llegar a Canadá y encontrarme con 3 niñas pequeñas, decidí buscar un trabajo que tuviera el mismo horario y vacaciones de mis hijas. Así pues, me convertí en la Señorita Castillo, profesora de español. Además resurgió mi pasión por el arte, el cual enseño y también estudio. Aunque ya hablaba inglés, comencé a estudiar y a hablar en el tan romántico como complicado francés de Molière (todavía me doy tortazos con él).

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Sé que no soy la única. Tengo amigos que han descubierto un universo maravilloso creando sus negocios por internet. Eduardo, por ejemplo, pasó de ser ingeniero civil a entrenador personal. Amigos han abierto sus restaurantes después de haber sido empresarios en sus países. Todo es posible cuando abrimos el abanico de las posibilidades y hacemos lo que verdaderamente nos hace feliz. 

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